Vuelva usted mañana versión 2008

¡Vuelva usted mañana! es una frase póstuma gracias a Mariano José de Larra que quiso describir con ella el funcionamiento de las instituciones públicas y sus sistemas de atención al ciudadano.

Aquí traigo hoy mi propia versión actualizada a 2008 cuando sin más decidí obtener el nuevo DNI electrónico. Me dirijo a la comisaría de la Policía Nacional de Terrassa a las 7.30 y logro aparcar a cuatro manzanas de distancia. Pongo dinero en la máquina expendedora de tickets para la zona azul y me da hasta las 10:12 de margen. Suficiente para un mero trámite.

Ando hasta la comisaría y observo dos largas cola de personas en plena calle divididas entre obtención de DNI y otros menesteres. Por supuesto las colas son a la española es decir agolpadas y con constantes pérdidas de turno por los que se van, los que estaban y se fueron pero ahora vuelven y demás líos. A eso de las 7:50 un policía nacional se acerca y va repartiendo números que corresponderán al orden para los trámites. Me toca el 29. El policía me augura una hora de espera teniendo en cuenta que los funcionarios empiezan a trabajar a las 8:30 o las 9:00 no lo sabe seguro (y eso que supongo yo que trabaja ahí todos los días). Decido irme a desayunar dándome las gracias a mí mismo por haberme traído mi nuevo libro de gramática húngara recién llegado de Amazon. Un bocadillo de lomo con queso más tarde, sobre las 8:30, me presento en la sala de espera de la comisaría no sea el caso que empiecen a esa hora y vayan rápido. Obviamente no es así.

A las 9:00 empieza todo. Con “todo” me refiero a “poco”. De las 8 mesas disponibles habrá trabajadores en 4 de ellas. Todo transcurre a una velocidad parsimoniosa lo cual se acrecenta cuando la gente que había reservado cita previa (una nueva modalidad que fastidia enormemente cuando descubres que se puede solicitar y que tu no eres uno de esos privilegiados) tienen 3 de las 4 mesas dedicadas exclusivamente a ellos.

Espera que te espera, leo y releo mi libro de gramática. Debo dar gracias de nuevo por habérmelo llevado. Mientras tanto lentamente transcurre todo a mi alrededor y veo situaciones de lo más denigrantes. Una pareja de ancianos, muy mayores, con movilidad muy reducida (sobre todo la mujer) a la que por burocracia han hecho volver otro día por falta de un papel. Una mujer cuyo nieto tenía examen a las 11 y no logra que nadie le ceda su turno para poder irse antes. Al final, sin quererlo dicha mujer ha sido la causante del revuelo que me he decidido a montar. Y eso que siempre me retraigo.

La cuestión en sí es que esta mujer y su nieto tenían el número 25. Yo el 29. Al ver que el nieto se iba y que ella iba a esperarlo hasta la 1, cuando el nieto vendría y le atenderían sin necesidad de número ni de espera, he pensado en cambiarle el número pero tras analizarlo y ver que probablemente la mujer no pondría ninguna pega pero si los que van detrás de ella he desistido. Ha llegado otra mujer mayor con el 28 y le ha propuesto cambiárselo. A mi personalmente no me afectaba pero la mujer ha hablado con el del 26 y el 27 y no ha habido problema por su parte. Y luego llegó LA LISTA DEL 32 que ha decidido cambiar su número por el 28 sin consultar con el resto de afectados.

He estado meditando en si liarla o no liarla. En mi interior he barajado la posible respuesta del funcionario de turno y obviamente he acertado pero sea como sea no quería dejar pasar la oportunidad de poner los puntos sobre las íes y que cada uno se lleve lo suyo. Así que la he liado. Primero hablé con la del 30 para ponerla al corriente de los chanchullos existentes. Ha estado de acuerdo en apoyarme. Al llegar el turno del 28 me he levantado me he ido a la silla correspondiente y me he sentado diciendo que yo tenia el 29 pero que estaban chanchulleando con los números y no me parecía bien. La LISTA DEL 32/28 apareció por detrás. La funcionaria de turno, cabeza cuadrada como todos, argumenta que ella atenderá a quien tenga el 28 en el papel y que de todas formas yo no pierdo nada porque iba a tener a otra persona delante fuera quien fuera. Le explico la historia a ella y al compañero de la mesa de al lado, a saber: que la mujer se iba, ese número debía haber pasado a mejor vida que para eso los números son personales (e intransferibles) y que no solo me afectaba a mi sino que los 10 minutos de turno que estuvieran atendiendo a LA LISTA serían 10 minutos perdidos multiplicados por 3 personas más (yo, la del 30 y la del 31) y que si LA LISTA tenía que ir a buscar a su niña el resto también teníamos cosas que hacer y más cuando eran las 11.45 desde las 7.30 de la mañana.

Resultado: NADA. Esperarme a mi turno y tirarme 4,5 horas para un triste DNI. Simplemente me ha servido para quedarme a gusto por manifestar mi opinión al respecto pero indignado por como se hacen las cosas en este país de la pillería y la picaresca.

Por suerte pese a llegar casi 2 horas más tarde del fin del límite de estacionamiento no me han multado. ¡Es lo que faltaba!