Un amor de película

Budapest , lunes 24 de mayo de 2010

El amor: ese sentimiento místico, esa persona imposible, ese deseado encuentro que nunca llega, ese éxtasis emocional hormonalmente acelerado. ¿O todo esto es únicamente la imagen que nos intentan imponer a toda costa?

La fábrica de sueños de Hollywood produce amores por doquier. Generalmente fortuitos, caprichosos, tocados por el azar, predestinados. Quizá el amor sí se forme inesperadamente pero no con desconocidos que encuentras una noche y entran en tu vida sino con conocidos en quienes aprendes a confiar, valorar y querer. Quizá ese amor es más usual y menos “extraordinario” y por eso a menudo requiere más tiempo y más vista para verlo crecer.

Los artistas

“La verdadera habilidad de un artista es trasladarse a estados de ánimo ajenos.”


No me considero un artista ni mucho menos pero muchas veces mis amigos erróneamente deducen que estoy enamorado, triste o simplemente enfadado con el mundo por alguna frase o pensamiento del que les hago partícipes. Para mí, esa capacidad de “pensar y sentir como si …” es la que hace al artista. El que escribe de amor sin estar enamorado, el que puede expresar su odio injustificado, el que transmite un enojo inexistente merecen el triple de reconocimiento. De ahí surgió esta noche esa frase que seguramente alguien en el pasado ya inventó.

Arriesgar

“En la vida siempre hay que arriesgar. Si hoy quieres x, arriesga por conseguirlo. Si mañana quieres y, hazlo igualmente. La cosa se complica cuando x e y son mutuamente excluyentes.”

Necesitaría …

Por la ventana abierta de par en par de un sexto piso entraban ráfagas de aire fresco. La tormenta vespertina de rigor había descargado con fuerza apenas unos minutos antes. Abajo, las plantas del patio de la comunidad de vecinos aun goteaban con persistencia. Al fondo, relucía iluminado el Monumento a la Libertad en la colina de Géllert. Es Budapest a 11 de mayo de 2010.

-“Necesitaría cinco hombres en mi vida: el inteligente, el fuerte, el …” dijo ella y siguió comentando el resto de cualidades que debía poseer cada uno de los cinco.

“Típico”, pense.” Seguro debe haber alguna teoría sobre los n hombres que cada mujer necesita para sentirse feliz”. A pesar del interés obvio de saber qué necesidades tienen las mujeres, mi mente se quedó sólo con las dos primeras cualidades deseadas y optó por tomar un rumbo distinto en el entresijo de pensamientos. Finalmente el torrente de sinapsis desembocó en la pregunta “¿qué necesito yo?”. Durante unos segundos serpenteé entre mis razonamientos, ideas e ideales tratando de hallar una respuesta. Mi respuesta, mi esencia.

Y respondí. Respondí sin pensar demasiado. Respondí la obviedad.

-“Yo solo una mujer. La mujer perfecta”, dije.

La satisfacción de la respuesta dada en el momento preciso, del chascarrillo oportuno que hace gracia, del comentario ingenioso que genera tumulto me duró apenas unos segundos. En mi interior asomaba la duda de si realmente me creía mis palabras.

“Quizá en el fondo es así”, pensé, “las mujeres buscan la plenitud a través de hombres cuyas distintas facetas les aportan lo que necesitan. De ahí que puedan tener tantos amigos con los que nunca llegarán a nada más. Saben lo que quieren y lo que obtienen de esa persona y eso conforma los cimientos de la relación. Puede ser que, ocasionalmente, esto las confunda en sus sentimientos cuando se topen con hombres que reúnan diferentes cualidades que ellas consideran importantes.”

“¿Y los hombres?”, proseguí en mi discurrir interno. “Compartimos el mismo punto débil que las mujeres: la búsqueda de la perfección. Si eso es un error, es un error para ambos sexos por lo que no debe ser tomado en cuenta. Sin embargo, lo que nos diferencia es que nosotros focalizamos nuestra atención. No queremos cinco mujeres distintas con cinco cualidades diferentes. Queremos una con todas. Y para los que no buscan perfección: una con las máximas cualidades posibles. Porcentualmente me atrevería a asegurar que en muchas ocasiones tenemos nuestros sentimientos más claros que ellas. Quizá sea debido a que el enfoque masculino es hallar una persona con n cualidades frente al femenino de hallar n cualidades en n personas.”

Tres chicas en casa y yo, aislado, sumido en mis pensamientos, observaba el microondas mientras la bolsa de palomitas giraba y estas “popeaban” en su interior. Los canapés esperaban pacientemente su turno para ser devorados: chorizo frito sobre mantequilla, tomate cherry y lechuga sobre una base de mayonesa u olivas con orégano sobre paté de hígado de cerdo, entre otros. Unas sillas de IKEA de precio económico y rendimiento más que discutible servían de improvisadas mesas. La cama servía de sofá. El sofá servía para apoyar la espalda. Se podía presentir que sería un encuentro especial.

“Estás muy callado hoy”, dijo una voz al fondo mientras se acomodaba en mi cama colocando mi almohada como su cojín particular que le permitiría sentarse manteniendo una postura erguida.

“Sí. No pasa nada. Ando pendiente del microondas”, dije señalando al electrodoméstico sin entrar en demasiadas explicaciones. “Son las ventajas de estar en el extranjero”, pensé, “cuando los demás hablan en su idioma nadie espera que intervengas aportando algo y eso te permite reflexionar en los temas que ocupan tu mente.”

Con las viandas dispuestas y un poco de retraso dimos por comenzada la sesión de cine en casa. Ese era el objetivo de socializarnos un martes por la noche.

La película, Before sunrise, de la cual había oído hablar hacía muchísimo nos iba a acompañar durante los siguientes 96 minutos. Por supuesto, en versión original con subtítulos en húngaro añadidos. Una película de amor especial. Una película de amor donde no pasa nada. 96 minutos de diálogo constante. ¿O quizá pasa mucho?. 96 minutos que resumen unas 12 a 15 horas de vida real. 96 minutos para conocerse. 96 minutos donde uno se pregunta cuanta influencia tiene el azar en el amor. 96 minutos donde uno se pregunta hasta qué grado es necesario dejarse llevar y hacer locuras. 96 minutos donde puedes ver los miedos de los demás. 96 minutos donde puedes ver tus propios miedos. En realidad, fueron más de 96 minutosporque hubo charlas intermedias. También posteriores.

“Para saber si una película es buena o no hay que juzgarla  por las conversaciones que genere tras verla”, pensé. Debió gustar pues acordamos ver la segunda parte próximamente. A todo esto ecos de algunas de las frases de la película resonaban en mi interior: “¿Has estado alguna vez enamorado?”, le pregunta la chica al chico. “Resulta curioso que hace menos de dos semanas me hiciera esa misma pregunta alguien que hoy está sentada aquí”, pensé. Y opté por la respuesta evasiva sin saber que era calcada a la que emplearía el protagonista de hoy: “Me han gustado chicas”. Otra interesante fue la de “La gente dice que el amor es desinteresado, que se trata de dar  … pero si piensas en ello no hay nada más egoísta que el amor” que me recordó la cita de “La amistad es preferible al amor porque el amor excluye”.

Chocolate, helados y un poquito de licor fueron testigos del fin de la velada. Risas, conversaciones, muchas cosas dichas y muchas sin decir estuvieron presentes en los últimos compases de nuestra sinfonía de martes.

Cuando todos marcharon y los platos y vasos a fregar formaban una montaña cuya cima emulaba las mayores del Himalaya me sumí de nuevo en el trance de mis reflexiones. Y pausada y delicadamente encontré mi respuesta.

“No se trata de perfección. No se trata de la mujer perfecta. Se trata de la compañera de viajes fiel. La que se suba al tren de tu vida. La dispuesta a experimentar y compartir sus viajes contigo. Viajes físicos por el mundo explorando ciudades, países y territorios ¡sí! Pero también viajes interiores explorando nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Eso es”, me dije y sonreí mientras observaba como la espuma acumulada en el fregadero también lograba la libertad encontrando su salida al mundo.

La ginesta

Quan arriba la primavera sempre ve acompanyada del flaire de les flors. De totes elles la que més associo a la meva terra es aquella de la que Joan Maragall va parlar en un dels seus poemes.

Ginesta

Ginesta

La ginesta

La ginesta altre vegada,
la ginesta amb tanta olor,
és la meva enamorada
que ve al temps de la calor.
Per a fer-li una abraçada
he pujat dalt del serrat:
de la primera besada
m’ha deixat tot perfumat.
Feia un vent que enarborava,
feia un sol molt resplendent:
la ginesta es regirava
furiosa al sol rient.
Jo la prenc per la cintura:
la tisora va en renou
desflorant tanta hermosura
fins que el cor me n’ha dit prou.
Amb un vimet que creixia
innocent a vora seu
he lligat la dolça aimia
ben estreta en un pom breu.
Quan l’he tinguda lligada
m’he girat de cara al mar…
M’he girat al mar de cara,
que brillava com cristall;
he aixecat el pom enlaire
i he arrencat a córrer avall.