Sobre la DGT y la conducción en España
November 12th, 2008
Hoy he visto por casualidad un vídeo en Youtube con el que me siento plenamente identificado. Es un poco largo y totalmente amateur pero os animo a que lo veáis.
Todo aquél que haya conducido un poco por Europa nota claramente las diferencias de conducción entre los diversos países. Mi experiencia en Francia, Alemania y Suecia me permite remarcar tres aspectos que, bajo mi punto de vista, inciden mayormente en la siniestralidad:
- circulación por el carril de la derecha: la mayoría de los conductores de los países indicados hacen el uso debido del carril derecho, a saber, circular permanentemente por él y usar el contiguo para adelantar. En Francia es donde más claramente lo he observado. Te adelantan y se vuelven a la derecha.
- distancia de seguridad: esto lo he observado en Alemania lo cual me parece normal debido a las altas velocidades a las que generalmente se puede circular por las autobahn, pero también en Suecia, país dónde la velocidad máxima en autopista es de 110, se suele dejar una enorme distancia de seguridad con el vehículo precedente. Incluso en ciudad dejan un margen considerablemente superior. En Francia periódicamente se ven señales que recuerdan que si dejas “dos trazos” (las líneas discontínuas que separan el arcén de la calzada) de distancia es por tu seguridad.
- velocidad adecuada a las circunstancias: todos hemos oído lo de que las autobahn no tienen límite de velocidad. Es cierto a medias. En determinadas zonas hay señales limitando la velocidad a 120 o menos instaladas por diversos factores. La gente las respeta y reducen el ritmo notoriamente. En muchos sitios debajo de la placa existe otra indicando las horas entre las cuales es aplicable dicha prohibición. En Francia, por ejemplo, en caso de lluvia la velocidad de las autoroutes pasa a ser de 110 en vez de los 130 habituales.
Pero claro eso es Europa y son países civilizados y es un enorme contraste conducir allí. Tanto es así que hasta cuesta acostumbrarse a no acercarse demasiado a los otros coches, a circular por donde toca. En España se conduce apelotonado sin dejar margen de reacción en caso de frenado brusco del vehículo de delante, todo el mundo va por el carril de la izquierda aunque sea a 100 porque el del centro “no anda” y el de la derecha parece tener una señal de “exclusivo para camiones”, los intermitentes suelen estar para hacer bonito, los espejos retrovisores se usan a veces pero únicamente se mira una vez no sea el caso que se gasten, si llueve no se modera la velocidad a no ser que este cayendo el diluvio universal, se aparca de oídas. Y así un sinnúmero de errores cotidianos que causan accidentes. Eso sí la culpable: la velocidad.
¿Por qué? Porque la velocidad la controlan con radares fijos automáticos que recaudan al inexperto que pasaba por allí por primera vez y desconocía su existencia o al que se olvidó de frenar a tiempo antes de llegar a él. Además casi instantáneamente te hacen la foto, la procesan, y están listos para enviarte la “receta” a casa. En cambio para controlar distracciones, imprudencias y demás, se requiere trabajar: es necesario tener a la pareja de policías permanentemente en un sitio o desplazándose en un trayecto con el consiguiente gasto que ello supone.
Últimamente además se ha unido la moda ecologista para justificar las medidas revolucionarias implantadas en normas de circulación. En gran parte del área metropolitana de Barcelona, donde en un tiempo se circulaba a 120 o 110, y si fuera otro país europeo podría haber estado limitada a 130 perfectamente, ahora por ley, por ecologismo, para reducir muertes y por radares se debe circular a 80. Y encima ese límite ni siquiera es condicional o variable. Así que un viaje a la Ciudad Condal en una madrugada cualquiera sin apenas vehículos en la autopista se acaba convirtiendo en un tedio insufrible. Por supuesto, pobre de aquel que decida circular por estas vías a 140 km/h, es decir, 20 km por encima del límite de hace escasamente un año, pues perderá puntos, perderá dinero y casi perderá la condición de ciudadano para ser considerado un criminal.
¿Se ha reducido la contaminación? Eso dicen, aunque muchísimo menos de lo esperado quizás porque mucha gente harta de los atascos, que antes había y que ahora sigue habiendo, se hayan pasado al transporte público por vía férrea. ¿Se han reducido las muertes? Obviamente sí. Y si fueramos a 10 km/h no moriría nadie salvo de aburrimiento. Estamos en el siglo XXI y las normas han pasado a ser del XIX. Cada vez da más asco conducir porque se pierde la atención en la carretera para controlar casi obsesivamente el cuentakilómetros por si acaso sobrepasa el límite de la zona en cuestión que dicho sea de paso conduciendo por carretera varían constantemente entre 50, 60, 70, 80, 90 0 100 km/h. Total que si no recuerdas cual fue la última señal que viste y vas a 90 en vez de 70 y te caza un radar ¡ZAS! Directo a engrosar la lista de temerarios al volante.
En resumen nos disfrazan estas medidas recaudatorias con su progresismo y sus buenos propósitos y la insoportable manía de la que adolece el gobierno español de turno de querer evitar a toda costa que sus súbditos mueran en la carretera. ¿Por qué no prohibir el tabaco? Ah, no. Esos sí pueden morirse y además los ingresos vía impuestos se verían mermados. Además nos engañan con las estadísticas. ¿Cuantos mueren en Alemania en accidente de tráfico con un parque de vehículos que dobla el español?
Más educación y más civilizar a la gente y menos imponer y prohibir que los que quieren saltarse la ley al volante ya encuentran las formas de hacerlo mediante detectores, inhibidores, y otros artilugios o simplemente frenando fuertemente delante de cada radar fijo.
Israel
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