Cap de cor

¡Oh amigos, no existen los amigos!

Leo en Ethik der Freundschaft del filósofo alemán Harald Lemke el siguiente texto inicial.

»Oh Freunde, es gibt keinen Freund!« – mit dieser Klage drückt Sokrates einst eine elementare Erfahrung aus, die sich wie ein roter Faden durch die abendländische Geschichte der Philosophie der Freundschaft zieht. Es ist die Enttäuschung darüber, daß man zwar „Freunde“, nämlich Bekannte, Arbeitskollegen, Nachbarn, Verwandte, aber keine wirklich guten Freunde hat. Die eigene Hoffnung, der persönliche Wunsch auf die Erfüllung eines geglückten Soziallebens in Form von zuverlässigen und dauerhaften Freundschaftsbeziehungen bleibt oft unerfüllt.

Mi traducción sería:

»¡Oh amigos, no existen los amigos!« – con esa queja expresa Sócrates una de las experiencias básicas que se desarrolla como hilo conductor a través de la historia occidental de la Filosofía de la Amistad. Es la decepción contraída por el hecho de que a pesar de tener “amigos”, a saber, conocidos, compañeros de trabajo, vecinos, parientes, etc. no se tiene ningún buen amigo de verdad. A menudo la aspiración interna, el deseo personal de tener una vida social exitosa gracias a relaciones de amistad duraderas y confiables, permanece irrealizable.

Originalmente escrito el 7/11/2010 en mi antiguo blog.

Sobre amigos, pseudoamigos y redes sociales

Qué fácil es pronunciar la palabra “amigo” y sin embargo cuanto cuesta serlo. En la vida nos rodeamos de personas con las que interaccionamos y establecemos ciertos vínculos. Para mucha gente la amistad es algo que se entrega fácilmente, a la ligera, tras una noche de copas o tras coincidir en un mismo lugar. De la misma manera como llegó esa amistad, la retiran después ipso-facto.

“La amistad cuando se da no se devuelve esa es la ley de la rumba” reza una de las frases de la canción “Palo pa’ rumba” de Eddie Palmieri  en un lema que siempre he hecho mío. Ahí están los amigos, contables con los dedos de las manos que siempre han estado y siempre permanecerán (si ellos lo desean) en amistades tejidas durante los años. En cambio, hoy en día con la proliferación de las redes sociales el término amigo se ha devaluado tantísimo. Todo el mundo es tu amigo, o por lo menos, está a un par de clicks de distancia de serlo. ¡Qué frustración! Eso es lo que resulta ser para los que pensamos que la puerta de la amistad debe abrirse poco a poco para invitar a la persona a entrar y una vez dentro cerrarla y que no marche.

Una vez más las redes sociales me hacen enfrentarme a mi ideología vital. No entiendo la necesidad de tener como “amigo” a alguien que conozco de una noche, dos, diez minutos o veinte horas. Por ello cada vez que alguien bajo esas circunstancias me añade confronto mi ideología con lo “políticamente correcto”. Es cierto que las redes sociales como Facebook facilitan la resolución de estos dilemas clasificando a los amigos en grupos y otorgando ciertos permisos a estos grupos. Pero para mi eso no funciona así. No entiendo que unos amigos puedan ver cosas que otros no. Frecuentemente  opto por deshabilitar la opción de que me agreguen como amigo en Facebook para evitar que la gente me agregue sin más. Sobretodo la deshabilito para evitar enfrentarme al dilema de tener que aceptar o no su propuesta de amistad. La pregunta que me respondo automáticamente es ¿si eres mi amigo no debería haberte añadido yo previamente?

Esa sensación de que no aceptar la solicitud de alguien corresponde a rechazarlo totalmente y bajo la cual se aceptan muchas solicitudes es totalmente falsa. Simplemente uno rechaza que alguien entre en una parte de tu vida. De igual manera que uno no dejaría entrar a alguien que conoce de una noche en su casa a que revolviera entre sus fotografías, leyera sus cartas, rebuscara en sus pensamientos no debería hacerse con las redes sociales. No se puede olvidar que las redes sociales otorgan acceso al pasado y al presente de un persona por lo que son la mezcla perfecta entre exhibicionismo y voyeurismo. Además una política restrictiva en la aceptación de solicitudes de amistad evita posteriormente tener que hacer una limpieza de pseudoamigos.

Mis amigos sé quiénes son y los nuevos que lleguen no se ganarán un puesto entre ellos gracias a sus respuestas en los tests, sus status divertidos o sus comentarios ingeniosos. Hay vida más allá de Internet y generalmente los buenos amigos se ganan ahí fuera.

Por lo tanto que sirva este escrito como una declaración de principios y un resumen de mi filosofía sobre la amistad y la pseudoamistad en redes sociales. Si alguien desaparece de mi lista u observa que no acepto su solicitud que no se lo tome como algo personal. Lo hago para estar bien con mi yo interior y no contradecirme que es lo que realmente importa.