Salida de Barcelona y llegada Budapest

19/09/2009

He decidido que ya que me voy a vivir a Budapest voy a hacer una sección explicando mis aventuras y desventuras. Para empezar el vuelo de Vueling salió con retraso de más de 40 minutos sobre la hora prevista así que hasta las 11.45 no despegamos de Barcelona. La suerte la tuve al facturar los 27 kilos de mi maleta y no tener que pagar por excederme de los 23 permitidos. La explicación ante la cara del “facturador” fue: “Es que me voy a Budapest varios meses y bastante me ha costado empaquetar mi vida en una maleta”. Menos mal que ni ha pesado la de mano porque probablemente excedería con creces los 10 kilos permitidos. Antes de iniciar el vuelo me ha gustado que el capitán del avión ha hecho una explicación técnica del motivo del retraso: “Nos han asignado un slot dentro de media hora debido a la densidad de tráfico en el espacio aéreo de Austria. Volaremos en nivel 360 en la ruta … …, etc”. A los que nos interesa el mundo del pilotaje de aviones nos gustan estos detalles.

El vuelo ha transcurrido entre alguna que otra turbulencia, con un niño húngaro dando golpes en la parte trasera de mi asiento mientras yo escuchaba de soslayo la vida y milagros de un pasajero dedicado a la exportación de trufas. Al llegar a Budapest con los 25 grados que había me he dado cuenta del calor que me proporcionaba el plumón. ¿Plumón? Sí. Tenía que escoger un abrigo entre varios y me traje ese pero no había sitio para él en la maleta … y ya se sabe: el low cost es lo que tiene.

El viaje desde Ferihegy, el aeropuerto, lo he hecho en los Zóna Taxi que van con tarifa fija dependiendo de la zona donde vayas. No suelo nunca coger taxis pero esta vez era la mejor elección por comodidad y rapidez. El taxista ha sido super simpático (pese a no devolverme el cambio de 1 euro xD) dándome todo tipo de consejos para la vida cotidiana en Budapest.  A saber los que ya había leído por Internet:

  • nada de parar taxis en la calle y si lo haces siempre bajo precio fijo, nada de que te pongan el taxímetro a correr. He pensado que yo me he montado cuatro veces en taxi en toda mi vida. Y han sido todas esta semana. Así que dudo que aquí lo haga.
  • ojo con las cuentas en los restaurantes que son muy especialistas en timar al turista sablándole.

Luego ha venido el consejo de rigor exclusivo para el turista masculino:

  • una hora con señorita de compañía, es decir, una prostituta callejera son 20 euros. Lástima que no sea un tema que me atraiga porque parece que hasta el oficio más antiguo del mundo es barato aquí.

Tras conocer al ama de llaves y ver el piso me ha llevado a un centro comercial llamado Duna Plaza para ver si lograba hacerme con acceso a Internet 3G y un móvil húngaro. En media hora lo tenía todo listo gracias a T-Mobile y a una chica muy simpática llamada Orsola que casualmente habla un español perfecto y tenía tantas ganas de practicar como yo de que me vendiera el USB y la SIM necesarias.

De vuelta he pensado que tendría que comprar provisiones para los próximos días. Por lo menos hasta el lunes. Del supermercado en el que he entrado sin pararme demasiado lo que más me ha sorprendido es ver pa de pagès o algo similar que un día de estos probaré. Os transcribo la cesta de la compra con un único objetivo: que veáis el precio.

  • 1 bolsa de patatas chips
  • 1 bolsa de pan de molde
  • 1 baguette
  • 1 zumo de 1 litro de manzana
  • 100 gramos de chorizo
  • 125 gramos de queso Gouda
  • 100 gramos de un queso húngaro
  • 1 lechuga iceberg
  • 4 bananas
  • 1/2 de tomates de “sucar el pa”

¿Cuanto diríais? … 2753 forints. Lo que traducido a euros con el cambio de 238 ft/€ que me han hecho en el aeropuerto (¡no cambiéis ahí!) son: 11,56 €. Con el cambio de otros establecimientos que he visto rondaría los 10 €. Sinceramente me ha parecido poco comparado a los precios de España.

Y hasta aquí llega la primera historia en tierras húngaras.